La diosa fortuna no sólo no le sonreía si no que se reía de él. Navegando solo con su barco naufragó y acabó en una isla desierta. Para poder pedir ayuda tenía un móvil, pero no cobertura; tenía una botella, pero ni lápiz ni papel. Ni los viejos ni los nuevos métodos de comunicación le podían ayudar. Pero sí su ingenio. Juntó los dos métodos, los lanzó al mar y esperó, hasta que un día caminando por la playa de Colliuore vi esta curiosa botella con su mensaje dentro. Di aviso a la guardia costera y con ayuda de las indicaciones del móvil le rescataron pocas horas después.
Al llegar a la costa me agradeció haber encontrado su mensaje y se fue. A mi se me olvidó preguntarle cómo había podido meter el móvil dentro de la botella…




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